¿Por qué Halloween tiene una calabaza como símbolo?
El origen de la calabaza de Halloween: de la leyenda de Jack a la tradición actual.
¿Por qué Halloween tiene una calabaza como símbolo? Esta tradición, reconocible en todo el mundo, tiene su origen en antiguas costumbres irlandesas y en la leyenda de Jack-o’-lantern. Lo que comenzó con el uso de nabos tallados terminó convirtiéndose en una de las imágenes más características de la noche de Halloween, especialmente después de que la tradición llegara a Estados Unidos.
En uno de sus relatos más conocidos, Jack es un hombre astuto y poco virtuoso que consigue engañar al diablo en varias ocasiones. En una de ellas, logra que el maligno suba a un árbol y lo mantiene atrapado al grabar una cruz en el tronco. Jack acepta liberarlo a cambio de que nunca reclame su alma. En otras versiones, el protagonista obtiene nuevas promesas mediante otros engaños.
Cuando muere, sus acciones le cierran las puertas del cielo, mientras que el diablo, fiel al pacto, tampoco lo admite en el infierno. Condenado a vagar eternamente, Jack recibe una brasa encendida para alumbrar su camino y la introduce en un nabo vaciado. Así nace, dentro del imaginario popular, la figura del caminante condenado que lleva consigo una luz inquietante.
Una tradición en transformación
Para comprender el contexto de estas linternas hay que viajar a las islas británicas, especialmente a Irlanda y Escocia, donde las celebraciones de finales de octubre reunían costumbres relacionadas con el cambio de estación, la cosecha, los juegos, las adivinaciones y las creencias sobre los seres sobrenaturales.
Entre ellas destaca Samhain, festividad del calendario gaélico asociada al final de la temporada de cosechas y al comienzo del invierno. Su celebración se vinculaba al cambio de ciclo y, en el folclore, a una noche especialmente propicia para la presencia de seres del otro mundo. No obstante, la imagen popular de Samhain como una fiesta celta perfectamente definida en todos sus detalles procede en parte de reconstrucciones posteriores.
Con la expansión del cristianismo, el calendario incorporó las celebraciones de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y de los Fieles Difuntos, el día 2. La víspera de Todos los Santos recibió en inglés el nombre de All Hallows’ Eve, del que procede Halloween. Durante siglos, las prácticas religiosas y las costumbres populares coexistieron, se transformaron y adquirieron significados distintos según la región.
En ese contexto se utilizaron nabos, remolachas, patatas y otros vegetales vaciados, a los que se añadían velas o brasas. El Museo Nacional de Irlanda conserva el registro de una de estas piezas, procedente de Fintown, en el condado de Donegal. Fue donada en 1943 por una maestra que explicó que se trataba de una práctica habitual en la localidad hacia 1900.

De Irlanda a América
Durante el siglo XIX, la emigración irlandesa trasladó a Norteamérica numerosas costumbres vinculadas a Halloween. La gran oleada migratoria provocada por la Gran Hambruna irlandesa, iniciada en 1845, contribuyó a difundir estas tradiciones, aunque no debe considerarse la fecha exacta de nacimiento de la calabaza tallada.
En Irlanda, los nabos eran un material tradicional para fabricar las linternas. En Estados Unidos, los emigrantes encontraron una alternativa especialmente práctica: la calabaza, fruto abundante en la temporada otoñal, de mayor tamaño y con una pulpa relativamente fácil de retirar. Su corteza permitía tallar caras visibles y dejar espacio para una vela.
La elección fue tan eficaz que terminó desplazando al nabo en la imagen internacional de Halloween. La calabaza ofrecía, además, una ventaja estética: su color, sus dimensiones y su forma redondeada la convertían en un objeto decorativo reconocible incluso desde lejos. La costumbre se difundió progresivamente a través de la vida comunitaria, la prensa, las celebraciones familiares y, más adelante, la cultura popular y los medios de comunicación.

Un fruto americano con miles de años de historia
Las especies cultivadas del género Cucurbita tienen su origen en el continente americano, donde distintas comunidades indígenas las domesticaron mucho antes de la llegada de los europeos —la investigación arqueobotánica en lugares como el valle de Tehuacán, en el actual México, las sitúa hace unos ocho mil años—.
Ni que decir tiene que en los primeros tiempos eran aprovechadas como alimento, especialmente por sus semillas, y desarrollaron una enorme diversidad de variedades. También utilizaban sus flores, brotes, frutos y semillas en preparaciones culinarias, mientras que algunas calabazas de cáscara dura podían servir como recipientes.
En distintas regiones de Mesoamérica, la calabaza formó parte de sistemas agrícolas junto al maíz y el frijol. Esta combinación de cultivos, conocida en México como milpa, muestra hasta qué punto el fruto estaba integrado en la vida cotidiana, la alimentación y los conocimientos agrícolas de las comunidades indígenas.
Cuando los europeos llegaron a América, encontraron las calabazas extendidas por numerosos territorios. Su incorporación a la alimentación europea se produjo dentro del intercambio de plantas, animales y productos que siguió a la conquista y colonización del continente. Con el tiempo, las distintas especies y variedades se difundieron por el mundo, adaptándose a climas, recetas y costumbres diferentes. Así, el símbolo más reconocible de una fiesta de origen europeo terminó tomando forma gracias a una planta americana.
La calabaza y los difuntos en el mundo hispánico
En México, la calabaza ocupa un lugar destacado en la alimentación tradicional y en las celebraciones del Día de Muertos. Uno de sus dulces más conocidos es la «calabaza en tacha», preparada con calabaza, piloncillo —un azúcar de caña sin refinar— y especias como la canela. Según las regiones y las recetas familiares, puede incorporar también clavo, guayaba o caña de azúcar.
Este postre forma parte de las ofrendas que se preparan para recordar a los difuntos. En ellas, la comida, las flores, las velas y los objetos personales ayudan a expresar el vínculo entre los vivos y quienes han fallecido.
En España, la calabaza forma parte desde hace mucho tiempo de la cocina popular. Se utiliza en guisos, potajes, cremas, dulces y conservas, y algunas variedades se destinan a elaborar cabello de ángel, empleado como relleno de numerosos productos de repostería. También está presente en las tradiciones agrícolas y gastronómicas de distintas regiones, con variedades adaptadas a las condiciones de cada territorio.

Para saber más:
- Fraile Dorado, Pablo. Noche de Difuntos. Brujas, demonios y espectros. Hoja de Lata, 2026.
- Vela, Enrique (coord.). La calabaza, el tomate y el frijol. Arqueología Mexicana, edición especial n.º 36, 2010.
- Rajchel, Diana. Samhain. Una completa guía para la celebración de Halloween. Almuzara, 2023



