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Historia

Don Quijote, de viaje a las Américas: cómo cruzó el Atlántico la novela de Cervantes

En 1605, recién salido de la imprenta, el Quijote ya viajaba en los barcos rumbo a América. Dos años después, un jinete vestido de don Quijote desfilaba en una fiesta de los Andes peruanos.

Por Juan Francisco Murúa 28 de octubre de 2026 5 min de lectura
«Aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse» (Quijote, II, cap. LXVI). Acuarela de Salvador Tusell a partir de Gustave Doré, en una edición de 1894. Foto: Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

En octubre de 1607, la villa minera de Pausa, en los Andes peruanos, celebró una gran fiesta. Uno de sus números principales era la sortija, un juego en el que los jinetes, disfrazados de personajes famosos, competían a caballo. Entre ellos se presentó un hombre vestido de don Quijote: flaco, con armadura y lanza, y acompañado por otro que hacía de Sancho Panza. El público lo reconoció al instante, aunque solo habían pasado dos años desde el Quijote había salido de la imprenta en Madrid.

¿Cómo llegó tan pronto un libro recién publicado a un pueblo de los Andes? La respuesta está en los registros de los barcos que cruzaban el Atlántico, en el negocio de los libreros de Sevilla y Alcalá, y en una pasión lectora que ni siquiera las prohibiciones lograron frenar.

«El Espectro», por Aguijarro (Antonio Guijarro Morales), vía Wikimedia Commons.

Lecturas prohibidas que viajaban igual

Para entender la llegada del Quijote hay que retroceder unas décadas. Durante el siglo XVI, los libros de caballerías fueron la gran lectura de entretenimiento en España. Desde que Garci Rodríguez de Montalvo publicó el Amadís de Gaula en 1508, se sucedieron continuaciones e imitaciones con héroes como Esplandián o Palmerín. Su éxito preocupó a moralistas y autoridades.

El 4 de abril de 1531, una real cédula firmada en Ocaña ordenó a los oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla que no dejaran pasar a las Indias libros de «historias vanas y de profanidad», como el Amadís. La prohibición se repitió en 1543, señal de que no se cumplía. El historiador estadounidense Irving A. Leonard demostró, revisando los registros de los barcos, que esas novelas siguieron cruzando el océano en grandes cantidades, a menudo declaradas de forma imprecisa en las listas de carga.

Aquellas historias dejaron incluso huella en el mapa. El nombre de California procede de Las sergas de Esplandián, la continuación del Amadís, donde se describe una isla fabulosa con ese nombre. Y la Patagonia debe el suyo, según se cree, a un personaje del Primaleón. Al contemplar por primera vez Tenochtitlan, el cronista Bernal Díaz del Castillo recordó también aquellas lecturas: la ciudad le pareció una de «las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís».

Portada de la primera edición de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha, libro de Miguel de Cervantes. Madrid: Juan de la Cuesta; 1605.

El hidalgo embarca: el Quijote en América

La primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha salió en Madrid a comienzos de 1605, en la imprenta de Juan de la Cuesta. Ese mismo año empezó su viaje a América. A principios del siglo XX, el cervantista sevillano Francisco Rodríguez Marín rastreó los registros de embarque del Archivo de Indias y dio a conocer sus hallazgos en El «Quijote» y Don Quijote en América (1911).

Las cifras impresionan. Según esas investigaciones, el librero de Alcalá de Henares Juan de Sarriá envió unos setenta ejemplares al Perú en marzo de 1605. Otros 262 viajaron en la flota de Nueva España con destino a Veracruz, y en la flota que zarpó de Sevilla el 12 de julio de ese año, Rodríguez Marín contabilizó cerca de trescientos. El propio investigador llegó a sospechar que buena parte de la primera edición había acabado al otro lado del océano. Estudios posteriores consideran que algunas de esas cantidades siguen pendientes de comprobación, pero nadie discute que la novela cruzó el Atlántico casi recién impresa.

Rodríguez Marín reparó además en un detalle curioso: en algunas listas de carga, libreros y lectores rebautizaban la obra como Don Quijote y Sancho Panza. El escudero, al parecer, se había ganado ya un lugar en la portada. Los primeros ejemplares llegaron al Perú a mediados de 1606, y nueve de ellos acabaron en Cuzco.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha / por Miguel de Cervantes Saavedra ; edición adornada con más de 350 acuarelas de Salvador Tusell, sacadas de las célebres composiciones de Gustave Doré. CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Una fiesta en los Andes

La noticia de la fiesta de Pausa también la dio a conocer Rodríguez Marín, en una conferencia. La villa pertenecía al corregimiento de Parinacochas, y su corregidor, don Pedro de Salamanca, organizó en octubre de 1607 una sortija, un juego ecuestre muy propio de las celebraciones barrocas. Entre los caballeros disfrazados de héroes de los libros de caballerías apareció don Quijote, acompañado por Sancho y otros personajes de la novela.

El caracterizado como el hidalgo manchego lo hizo tan bien que recibió el premio a la invención, por la propiedad con que representó al personaje. Es una escena que dice mucho de la rapidez con que circulaban los libros. Algunos de los ejemplares llegados a Cuzco debieron de pasar por las manos de los organizadores y del público, que reconoció al personaje sin necesidad de explicaciones.

No fue un caso aislado. En España, los personajes cervantinos ya habían desfilado en una fiesta cortesana en Valladolid en junio de 1605, apenas unos meses después de la publicación de la novela. La investigadora Eva María Valero Juan, de la Universidad de Alicante, ha estudiado cómo aquellas fiestas barrocas convirtieron a don Quijote en un personaje vivo, capaz de salir de las páginas del libro y recorrer las plazas del Perú y de México.

Miguel de Cervantes Saavedra. Vía: Wikimedia Commons.

El viaje que Cervantes no pudo hacer

Hay una ironía en esta historia. En 1590, Miguel de Cervantes solicitó al Consejo de Indias un puesto en América. La respuesta fue una negativa seca: que buscara por acá en qué se le hiciera merced. El escritor nunca cruzó el océano, pero quince años después su criatura lo hizo por él, embarcada en las bodegas de las flotas que partían de Sevilla.

La primera edición americana del Quijote no llegaría hasta 1833, en México. Para entonces, el caballero de la triste figura llevaba más de dos siglos cabalgando por el continente, en bibliotecas, conventos y plazas. Quizá no haya mejor prueba de que los libros, como los buenos viajeros, siempre encuentran la manera de llegar a su destino.

Para saber más

Rodríguez Marín, Francisco. El «Quijote» y Don Quijote en América. Librería de los Sucesores de Hernando, 1911.

Valero Juan, Eva María. Tras las huellas del Quijote en la América virreinal. Bulzoni, 2010.

Torre Revello, José. El libro, la imprenta y el periodismo en América durante la dominación española. Instituto de Investigaciones Históricas, 1940.

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