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Música

Los Strauss: la familia que convirtió el vals en música eterna

Por Antonio Puente Mayor 28 de octubre de 2026 6 min de lectura
Fred Hennings, Eduard, Johann und Josef Strauß (fotomontaje, ca. 1860-1870). Wikimedia Commons. Dominio público.

La familia Strauss marcó la historia de la música europea del siglo XIX. Johann Strauss padre y sus hijos Johann, Josef y Eduard contribuyeron a convertir el vals vienés en un fenómeno internacional que todavía hoy identifica a Viena con la elegancia y el baile

Johann Strauss (1804-1849) no nació en una familia acomodada ni recibió una formación musical privilegiada. Su infancia estuvo marcada por la tragedia. Perdió a su madre cuando era pequeño y, años después, su padre, Franz Borgias Strauss, murió ahogado en el Danubio. La adversidad no impidió que encontrara su camino en la música, aunque inicialmente tuvo que compaginar su formación con el trabajo.

Aprendió a tocar el violín y la viola y terminó incorporándose a la orquesta de Joseph Lanner, uno de los músicos que más contribuyeron a modernizar el vals vienés. La colaboración entre ambos no duró demasiado. Strauss decidió emprender su propia carrera y pronto se convirtió en un competidor de primer orden, capaz de atraer al público con composiciones llenas de ritmo y energía.

La vida privada de Johann Strauss padre también tuvo sus complicaciones. Casado con Anna Streim, tuvo varios hijos, entre ellos Johann y Josef, que acabarían siguiendo sus pasos. Su relación con Emilie Trampusch, con quien formó otra familia, provocó tensiones domésticas que terminarían influyendo en el futuro de sus descendientes.

Entre sus obras más conocidas sobresale la Marcha Radetzky, compuesta en 1848. Aunque no es un vals, demuestra la versatilidad de un músico que supo escribir tanto para el baile como para las celebraciones públicas. Cuando murió, en 1849, dejó una orquesta consolidada y un apellido que pronto alcanzaría una fama aún mayor gracias a su hijo.

Josef Kriehuber, Johann Strauss padre (litografía, ca. 1830). Fotografía de una litografía original conservada en la Albertina de Viena. Wikimedia Commons. Dominio público.

Johann Strauss hijo, el rey del vals

Johann Strauss hijo (1825-1899) estaba llamado a convertirse en el miembro más célebre de la familia, aunque su padre hizo cuanto pudo para disuadirlo de seguir la carrera musical. Prefería que el joven se dedicara a los negocios y no veía con buenos ojos que compitiera con él en los mismos escenarios. Sin embargo, Johann encontró en su madre, Anna, el apoyo necesario para estudiar música. En 1844, con apenas diecinueve años, debutó al frente de su propia orquesta. La respuesta del público fue favorable y comenzó una rivalidad entre padre e hijo que trascendió lo artístico. Sus diferencias personales se mezclaron con las tensiones políticas de la época, pues ambos mantuvieron posiciones distintas durante las revoluciones de 1848.

La muerte de su progenitor, en 1849, permitió a Johann reunir las dos orquestas y ampliar su actividad. Desde entonces, su carrera experimentó un crecimiento extraordinario. Sus composiciones se difundieron por Europa y llegaron a otros continentes, mientras el vals adquiría una sofisticación musical cada vez mayor.

Su obra más célebre es El Danubio azul, compuesto en 1866 y estrenado al año siguiente. La pieza, de melodía envolvente y estructura refinada, se convirtió en una de las composiciones más reconocibles de la música clásica. También destacan el Vals del Emperador, Cuentos de los bosques de Viena y Vida de artista, partituras que combinan elegancia, brillantez orquestal y una extraordinaria capacidad para construir melodías memorables.

Johann no se limitó al vals. También cultivó la opereta, un género teatral que combinaba música, diálogo y situaciones cómicas. Su obra El murciélago, estrenada en 1874, sigue formando parte del repertorio internacional. Con ella demostró que su talento podía trasladarse de las pistas de baile al escenario teatral.

Su éxito le valió el sobrenombre de ‘rey del vals’. No fue únicamente un compositor prolífico, sino un innovador que elevó una danza popular a una forma musical capaz de sostener grandes obras orquestales. Cuando murió, en 1899, dejó un legado que marcaría la imagen musical de Viena durante generaciones.

Bwag, Detalle del monumento a Johann Strauss hijo en el Stadtpark de Viena (fotografía, 14 de julio de 2010). Wikimedia Commons. CC BY-SA 3.0.

Josef Strauss, el ingeniero que eligió la música

El talento musical de la familia no se agotó con Johann. Su hermano Josef Strauss (1827-1870) parecía destinado a una vida muy diferente. Estudió ingeniería y trabajó en proyectos técnicos, pero terminó acercándose a la música cuando las obligaciones de la orquesta familiar exigieron su colaboración.

A diferencia de Johann, Josef tenía una personalidad más reservada y una sensibilidad musical que se aprecia en sus composiciones. Aunque durante mucho tiempo quedó a la sombra de su hermano, su obra ha recibido una valoración creciente por parte de intérpretes y especialistas.

Entre sus partituras destaca el vals Música de las esferas, una composición de gran riqueza melódica que muestra su capacidad para crear atmósferas delicadas y sugerentes. También escribió polcas y otras piezas de baile que contribuyeron a ampliar el repertorio de la familia.

Su vida fue breve. Murió en 1870, a los cuarenta y dos años, después de sufrir problemas de salud. Su trayectoria demuestra que el apellido Strauss no fue sinónimo de un único genio, sino de una familia en la que varios músicos desarrollaron estilos propios.

Eduard Strauss, el guardián de la orquesta familiar

El menor de los hermanos, Eduard Strauss (1835-1916), también se dedicó a la música, aunque destacó sobre todo como director de orquesta. Su cometido fue mantener la actividad de la agrupación familiar y prolongar el prestigio alcanzado por sus hermanos.

La competencia entre los Strauss había convertido la música en un negocio familiar de enorme éxito, pero también había generado desacuerdos sobre la gestión de las partituras, los derechos y el futuro de la orquesta. En 1901, Eduard decidió disolver la agrupación y destruyó parte de su archivo musical, una pérdida importante para la conservación del legado familiar.

A pesar de ello, la música de los Strauss continuó interpretándose mucho después de que desapareciera la orquesta original. Sus valses y polcas se incorporaron al repertorio habitual de las grandes formaciones sinfónicas y mantuvieron viva la tradición musical de la Viena decimonónica.

James Stephanoff, The Waltz (grabado, 1839), grabado por S. S. Smith a partir de una pintura de Stephanoff. Publicado en The Gem for 1840. Wikimedia Commons. Dominio público.

El vals, una revolución en tres tiempos

Para comprender la importancia de los Strauss es necesario recordar que el vals no siempre fue la danza refinada que hoy asociamos con los grandes salones. Su expansión estuvo acompañada de cierta controversia. El contacto físico entre los bailarines y los giros continuos de las parejas rompían con algunas convenciones sociales de épocas anteriores.

Durante el siglo XIX, el vals se impuso en los salones europeos. Viena se convirtió en uno de sus principales centros, y los Strauss supieron aprovechar aquel auge. Sus composiciones aportaron riqueza melódica, contrastes dinámicos y una escritura orquestal que iba mucho más allá de la simple música de acompañamiento.

El secreto de su éxito residía en el equilibrio entre la elegancia y la energía. Sus melodías podían ser delicadas y nostálgicas, pero también exuberantes y festivas. La música invitaba a bailar, aunque sus mejores páginas podían escucharse igualmente como obras de concierto.

Para saber más:

  • Pastene, Jerome. Compás de tres por cuatro: la vida y la música de la familia Strauss, de Viena. Espasa-Calpe, 1958.
  • Storni, Eduardo. Johann Strauss y su dinastía. Espasa-Calpe, 1986.
  • Ekker, Ernst A., y Doris Eisenburger. Johann Strauss. Un álbum musical. Lóguez, 2003.

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