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Música

Cumbia: ritmo hipnótico sin fronteras

Nació en la costa caribeña de Colombia y hoy suena de México a la Patagonia, y también en España. Un recorrido por la historia, los estilos y los bailes de la cumbia.

Por Juan Francisco Murúa 28 de octubre de 2026 7 min de lectura
Foto: Caleb Oquendo / Pexels.

De México hacia el sur, pocos géneros musicales recorren el continente como la cumbia. Nació en la costa caribeña de Colombia, del encuentro entre los descendientes de los africanos esclavizados y los pueblos indígenas de la región, y desde allí viajó hasta la Patagonia. Como toda buena migrante, aprendió a adaptarse a cada lugar sin olvidar de dónde venía. Conocer la historia de la cumbia es recorrer medio continente

Su secreto está en un vaivén que no se detiene: tambores que marcan el pulso a destiempo, una guacharaca (o un güiro, fuera de Colombia) que raspa sin descanso y melodías breves que vuelven una y otra vez, como las olas sobre la orilla caribeña donde nació. A diferencia del vals o del tango, la cumbia no exige aprender un paso oficial. Se baila desde el primer compás, y quizá por eso ha conquistado a públicos tan distintos.

Monumento a la cumbia. Vía Wikimedia Commons.

Un baile sin reglas fijas

Cada país, y casi cada barrio, ha dado a la cumbia su propia forma de bailarla. En la costa colombiana, la cumbia tradicional se baila de noche y en círculo alrededor de los músicos: ellas avanzan con pasos cortos y arrastrados, con un manojo de velas encendidas en la mano, mientras ellos las rodean en zigzag. Una leyenda muy extendida sostiene que ese paso arrastrado recuerda el de los esclavos que bailaban con grilletes en los tobillos, aunque no hay documentos que lo confirmen.

En México, en cambio, la pareja gira sobre un punto fijo, y los jóvenes de los bailes sonideros inventaron la «cumbia wepa», con pequeños saltos de inspiración norteña. En Argentina, el baile en grupo se organizó tradicionalmente en ronda, aunque la cumbia se baila igual de bien en pareja. En los últimos años, la imagen más popular fue la coreografía que extendieron Los Wachiturros, un grupo de jóvenes de Morón que en 2011 convirtió «Tírate un paso» en un fenómeno nacional.

En la ciudad argentina de Santa Fe, en cambio, la cumbia se baila en pareja y de la mano. Su paso básico, la llamada «base de medio lado», se completa en dos compases. Los bailarines santafesinos hablan además del «cambio del uno», un ajuste que obliga a corregir el paso cuando la canción introduce un compás de más. Según el musicólogo Lautaro Díaz Geromet, ese rasgo es uno de los que mejor distinguen la cumbia local.

Dos jóvenes con blusas blancas y flores rojas en el pelo bailan cumbia sosteniendo en alto manojos de velas, ante una banda de músicos.
Bailadoras de cumbia en San Pelayo, Córdoba (Colombia). Foto: Luis Pérez, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Una cumbia en cada región: la historia de la cumbia en América

La cumbia también cambia de estilo dentro de un mismo país. En Argentina, la cumbia santafesina nació a comienzos de los años setenta, cuando grupos de Santa Fe como Los Cumbiambas y Los Palmeras, fundados en 1972, tomaron como modelo a conjuntos que tocaban cumbia colombiana, como Los Wawancó. Pronto surgieron dos escuelas: la del acordeón, cuyo gran embajador es Los Palmeras, y la de la guitarra eléctrica, impulsada por Juan Carlos Denis y su grupo Los del Bohío. El resultado es una cumbia romántica y bailable, que muchos santafesinos sienten como parte de su identidad.

Poco tiene que ver con la cumbia villera, nacida a finales de los noventa en los barrios humildes del Gran Buenos Aires, con grupos como Damas Gratis, Pibes Chorros o Mala Fama. Tampoco es igual la villera de aquel entonces que las mezclas posteriores con el reguetón. Román «El Original» se presenta como pionero de esa fusión, a la que llamó «cumbietón» a mediados de los 2000. Y hacia 2011, la llamada «onda turra» de Los Wachiturros o El Retutu llevó la mezcla a las pistas de todo el país.

Y eso, solo en Argentina. La lista sería interminable. En Colombia conviven la cumbia de gaitas y la sabanera, con acordeón. En México, la sonidera de la capital y la regia de Monterrey. En Perú, la costeña de Los Destellos, la amazónica de Juaneco y su Combo, la andina o chicha de Los Shapis y, más tarde, la technocumbia. Y Chile, Bolivia o Ecuador tienen también sus propias versiones.

Accidentes, censuras y pedales

Algunas de sus variantes nacieron casi por casualidad. En Monterrey, en el norte de México, un sonidero llamado Gabriel Duéñez comprobó que una pieza desgastada de su tocadiscos hacía girar los discos más despacio. Al público le encantó aquel sonido lento y grave, y así surgieron las «rebajadas», cumbias ralentizadas que se convirtieron en seña de identidad de los jóvenes regiomontanos.

En Perú, el contexto político también dejó huella. Según algunos estudiosos, el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, iniciado en 1968, puso trabas a la música en idioma extranjero y al rock, al que consideraba alienante. Muchos guitarristas encontraron entonces en la cumbia un lugar donde seguir tocando. En la Amazonía, grupos como Juaneco y su Combo o Los Wemblers de Iquitos escuchaban por radio cumbia colombiana y rock psicodélico, y adoptaron el pedal wah-wah de las guitarras eléctricas. De esa mezcla nació la cumbia amazónica, con su sonido ondulante e inconfundible.

En Argentina, la revolución digital fue decisiva. A finales de los noventa, los teclados, los secuenciadores y los programas de grabación digital abarataron la producción y permitieron a jóvenes de barrios humildes grabar sus propios discos sin depender de grandes orquestas. Lo curioso es que contaban una realidad muy alejada del Caribe con un ritmo que evoca playas y fiesta. Para aquellos chicos del conurbano bonaerense, la cumbia era una forma de «viajar», al menos por un rato, hacia ese paraíso terrenal.

Del barrio al salón, y vuelta

Como tantos géneros nacidos en los sectores populares, la cumbia acabó haciendo bailar también a la sociedad más acomodada. En Colombia, durante mucho tiempo, las élites del interior la miraron con recelo. A partir de los años cuarenta, orquestas como las de Lucho Bermúdez y Pacho Galán la vistieron de gala, con clarinetes y saxofones, y la llevaron a los clubes sociales de las grandes ciudades.

En Argentina el recorrido fue más sinuoso. Cuando la cumbia llegó al país, en los años sesenta, la siguió sobre todo la clase media; solo después se convirtió en la música de los barrios populares. El regreso a los salones acomodados llegó poco a poco: Marcos Camino, director de Los Palmeras, recuerda que «La suavecita» fue el primer tema del grupo que conquistó a los jóvenes de clase media. Medio siglo después de su llegada, el péndulo volvió a moverse con la llamada «cumbia cheta», o cumbia pop. Grupos como Los Totora y Agapornis, nacidos en La Plata, o los uruguayos Rombai y Marama, versionaron éxitos del pop en clave de cumbia y la llevaron a las fiestas de la clase media y alta.

Concierto multitudinario de personas.
Concierto en vivo. Foto: Ronê Ferreira. Vía Pexels.

La cumbia hoy, también en España

Lejos de ser una moda pasajera, la cumbia sigue llenando escenarios a ambos lados del Atlántico. Los mexicanos Los Ángeles Azules actuaron en la edición española del festival Vive Latino, en Zaragoza, ante unas 20.000 personas, y Los Palmeras tienen previsto actuar en Mallorca el 24 de octubre de 2026.

La inmigración hispanoamericana ha contribuido a que el género cruce el océano y eche raíces. En Granada, La Juan Román, formada a finales de 2021 por músicos de grupos como Eskorzo, mezcla la cumbia con el cuarteto cordobés. En Valencia, Perrícolas, nacida en 2024, la cruza con la escena alternativa local, y en Lanzarote, Cumbia Ebria la hace sonar desde 2006. Cada una, a su manera, continúa un legado que empezó hace mucho tiempo en la costa caribeña de Colombia.

Arrancados de su tierra, aquellos hombres y mujeres convirtieron el dolor en fiesta. Nos dejaron así el verdadero hechizo de la cumbia: una invitación a celebrar, a pesar de todo, la alegría de estar vivos junto a los demás.

Para saber más

Blanco Arboleda, Darío. La cumbia como matriz sonora de Latinoamérica. Identidad y cultura continental. Editorial Universidad de Antioquia, 2018.

Semán, Pablo y Vila, Pablo (comps.). Cumbia. Nación, etnia y género en Latinoamérica. Gorla / Ediciones de Periodismo y Comunicación (UNLP), 2011.

Miguel, Hugo Alberto. Así nació la cumbia santafesina. Ediciones UNL, 2019.

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