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«La Misión»: la verdad histórica tras el mito cinematográfico

Cuarenta años después de su estreno, La Misión sigue emocionando. Repasamos la historia real de las reducciones jesuítico-guaraníes, el Tratado de Madrid y la guerra que inspiraron la película de Roland Joffé.

Por Antonio Puente Mayor 30 de octubre de 2026 7 min de lectura
Ilustración de un misionero jesuita que conversa con un grupo de guaraníes frente a una iglesia de piedra, al atardecer
Ilustración creada con IA para Cultusfera, inspirada en La Misión (1986).

En 2026 se cumplen cuarenta años del estreno de La Misión, una película que sigue provocando una emoción difícil de explicar únicamente por sus imágenes. Basta escuchar las primeras notas de su banda sonora o recordar la ascensión del padre Gabriel por una cascada para regresar a aquel mundo de selvas inmensas, comunidades indígenas, iglesias levantadas en plena naturaleza y hombres obligados a elegir entre la obediencia y la conciencia.

Estrenada en 1986 y dirigida por Roland Joffé, la película reunió a Jeremy Irons, Robert De Niro y Aidan Quinn en una historia ambientada en la América del Sur del siglo XVIII. Su argumento enfrenta a dos personajes muy diferentes: un sacerdote jesuita que busca evangelizar a los guaraníes mediante la música y un antiguo cazador de indígenas esclavizados que intenta reparar sus crímenes incorporándose a la misión. Sobre ambos pesa la decisión de las coronas europeas de sacrificar las comunidades indígenas a sus intereses políticos.

La película obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1986 y consiguió siete nominaciones a los premios Óscar, aunque solo ganó uno, el de mejor fotografía, para Chris Menges. Su guion, escrito por Robert Bolt, y la música de Ennio Morricone contribuyeron a convertirla en una referencia del cine histórico.

Retrato del actor Jeremy Irons
Jeremy Irons, que interpretó al padre Gabriel, en el Festival de Cine de Berlín de 2011. Foto: Thore Siebrands, CC BY 3.0, vía Wikimedia Commons.

Españoles, portugueses y guaraníes

Para entender La Misión hay que retroceder más de un siglo respecto a los acontecimientos centrales de su argumento. Las reducciones jesuíticas no surgieron de repente en 1750 ni fueron una creación aislada de un sacerdote idealista. Formaron parte de un proyecto religioso, político, económico y social desarrollado en los territorios de la América meridional bajo dominio español.

La Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola en 1540, llegó a la región del Paraguay a finales del siglo XVI. En 1609 comenzó a establecer misiones entre los guaraníes, un conjunto de pueblos indígenas que hablaban lenguas emparentadas y ocupaban amplios territorios de las actuales Paraguay, Argentina, Brasil y zonas próximas. Sus formas de vida, sus autoridades, sus creencias y sus relaciones con otros pueblos eran diversas. No constituían una sociedad única ni vivían de manera idéntica en toda la región.

Las reducciones —que es como se denominaba a estas misiones—, reunían viviendas, iglesia, talleres, escuelas, tierras de cultivo y espacios para el ganado. Su trazado solía organizarse alrededor de una gran plaza y del templo principal. Durante su apogeo, la red jesuítico-guaraní llegó a comprender una treintena de pueblos, con una población que las estimaciones sitúan en torno a 140.000 o 150.000 personas en determinados momentos del siglo XVIII.

No todos alcanzaron simultáneamente esas cifras, y la población varió debido a epidemias, desplazamientos, guerras y cambios económicos. Las ruinas que hoy pueden visitarse en Argentina, Brasil y Paraguay son los restos de un sistema mucho más amplio que el que suele imaginarse al ver la película. La UNESCO reconoce la importancia de varios de estos conjuntos arqueológicos, entre ellos San Ignacio Miní, Santa Ana, Loreto y Santa María la Mayor, en Argentina, y São Miguel das Missões, en Brasil.

Acuarela antigua de una reducción jesuítica vista desde arriba, con una gran plaza, la iglesia y jinetes desfilando
Florian Paucke, vista de una reducción jesuítica con un desfile de jinetes indígenas (acuarela, siglo XVIII). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Disciplina religiosa y comunitaria

Sería un error interpretar las reducciones como un paraíso de igualdad en mitad de la selva. Es cierto que fueron espacios de protección relativa frente a determinadas formas de explotación, pero también de evangelización, reorganización social y control cultural. La vida cotidiana estaba sometida a una disciplina religiosa y comunitaria que intervenía en aspectos esenciales de la existencia.

Los jesuitas aprendieron guaraní, elaboraron gramáticas y vocabularios, y utilizaron la lengua en la predicación y en la producción de textos religiosos. Asimismo la conservación y difusión del idioma contribuyeron a su continuidad histórica. Sin embargo, la evangelización también buscó transformar creencias, prácticas rituales y comportamientos indígenas.

Conviene precisar que España y Portugal no mantuvieron una política colonial idéntica, y que las relaciones entre sus autoridades, los colonos y los pueblos originarios variaron con el tiempo. La esclavización indígena estuvo vinculada a intereses económicos, expediciones de captura, conflictos regionales y distintos marcos jurídicos. También existieron españoles que explotaron ilegalmente a indígenas, pese a las prohibiciones y restricciones establecidas por la Corona.

La película concentra buena parte de esta violencia en la figura de Rodrigo Mendoza, el traficante de esclavos que interpreta Robert De Niro. Su pasado criminal y su conversión personal permiten representar un problema histórico real, y su penitencia —arrastrar una pesada carga de armas y armadura por la selva hasta alcanzar la misión— es una de las escenas más recordadas del filme.

Litografía antigua con los retratos de tres indígenas guaraníes, dos de ellos con diadema de plumas y collares
Jean-Baptiste Debret, retratos de indígenas guaraníes, litografía de Voyage pittoresque et historique au Brésil (1834-1839). Arquivo Nacional do Brasil. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

La música: una de las grandes verdades de la película

La película muestra al padre Gabriel, interpretado por Jeremy Irons, aproximándose a los guaraníes mediante el oboe. Su melodía atraviesa la desconfianza inicial y abre un espacio de comunicación. La escena es una creación cinematográfica, pero se apoya en un hecho fundamental: la música desempeñó un papel destacado en la vida religiosa, educativa y ceremonial de las misiones.

Los jesuitas enseñaron canto y técnicas instrumentales, y organizaron coros y conjuntos musicales. En las reducciones se interpretaba música religiosa europea, y los indígenas aprendieron a fabricar instrumentos y a participar en celebraciones que exigían un nivel técnico notable. Las fuentes históricas muestran que hacia mediados del siglo XVII ya existían agrupaciones de cantores e instrumentistas, aunque la actividad musical y los recursos disponibles variaban de un pueblo a otro.

La música de La Misión no obtuvo el Óscar, aunque la película sí ganó el premio a la mejor fotografía. Su influencia, no obstante, fue enorme: la banda sonora se convirtió en una de las composiciones cinematográficas más reconocibles de Morricone y contribuyó a que la película permaneciera en la memoria de varias generaciones.

Ilustración de un misionero jesuita que toca el oboe en lo alto de una cascada en la selva, con un gran sol naranja detrás.
Ilustración creada con IA para Cultusfera, inspirada en La Misión (1986).

1750: el tratado que puso en peligro las misiones

El conflicto central de La Misión está relacionado con un acontecimiento histórico concreto: el Tratado de Madrid, firmado por España y Portugal en 1750. Durante siglos, las dos monarquías habían mantenido disputas por sus territorios americanos. Las fronteras fijadas sobre el papel no siempre correspondían a la ocupación efectiva del terreno, y los límites establecidos en acuerdos anteriores eran difíciles de aplicar en una región atravesada por grandes ríos, selvas y asentamientos dispersos.

El Tratado de Madrid pretendía reorganizar esas fronteras. A cambio de resolver la situación de Colonia del Sacramento, una plaza estratégica en la desembocadura del Río de la Plata, España aceptó ceder a Portugal territorios situados al este del río Uruguay. El problema era que en esas tierras se encontraban siete reducciones jesuítico-guaraníes, con unos 30.000 habitantes a los que se exigía abandonar sus hogares y trasladarse a otros asentamientos.

La resistencia no tardó en organizarse. Los guaraníes no aceptaron sin más que dos reyes europeos decidieran su traslado. La oposición al tratado desembocó en la Guerra Guaranítica, librada entre 1754 y 1756. Las milicias indígenas se enfrentaron a fuerzas españolas y portuguesas en una campaña que culminó con la derrota de los guaraníes en febrero de 1756, durante la batalla de Caiboaté, uno de los episodios más sangrientos del conflicto.

Mapa antiguo de la provincia jesuítica del Paraguay, de 1732, con sus ríos, misiones y una cartela decorada en la esquina.
Mapa de la provincia jesuítica del Paraguay. Giovanni Petroschi (grabado), Paraquariae Provinciae Soc. Jesu cum adiacentib. novissima descriptio, Roma, 1732. Library of Congress. Dominio público.

La selva como protagonista

El rodaje de La Misión se desarrolló principalmente en Colombia, con exteriores en la zona de las cataratas del Iguazú, en la frontera entre Argentina y Brasil. La geografía cinematográfica no reproduce con exactitud un único enclave histórico: las localizaciones se combinaron para construir una región que resultara verosímil en pantalla.

En una entrevista publicada en 1986, el director, Roland Joffé, recordó las dificultades de trabajar en aquel entorno, entre ellas el calor, las condiciones de acceso y la necesidad de negociar para que el equipo pudiera rodar sin interrupciones en zonas de conflicto. La producción tuvo que adaptarse a un medio natural exigente, donde los desplazamientos y la propia logística del rodaje planteaban problemas que difícilmente podían resolverse en un estudio.

Joffé también explicó que buscó la colaboración de comunidades indígenas de la región colombiana del Chocó y de una comunidad guaraní de Iguazú. Su participación contribuyó a dar presencia humana al mundo que la película pretendía reconstruir. El Festival de Cannes reconoció expresamente la participación de estas comunidades.

Para saber más:

  • Wilde, Guillermo. Religión y poder en las misiones de guaraníes. Editorial SB, 2009.
  • Maeder, Ernesto J. A. Misiones del Paraguay: conflicto y disolución de la sociedad guaraní. Mapfre, 1992.
  • Mörner, Magnus. Actividades políticas y económicas de los jesuitas en el Río de la Plata. Hyspamérica, 1985.

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