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Literatura

Lorca en Buenos Aires: seis meses en la Avenida de Mayo

Federico García Lorca llegó a Buenos Aires en octubre de 1933 para unas pocas semanas y se quedó casi seis meses. Fue la ciudad que lo consagró como autor.

Por Juan Francisco Murúa 28 de octubre de 2026 5 min de lectura
Visitantes ilustres en La Plata, entre ellos García Lorca -al centro, vestido con un overol- que aquí posa con autoridades universitarias.
Visitantes ilustres en La Plata, entre ellos García Lorca -al centro, vestido con un overol- que aquí posa con autoridades universitarias.

Era de madrugada cuando el transatlántico italiano Conte Grande fondeó en el puerto de Buenos Aires, el 13 de octubre de 1933. Había zarpado de Barcelona dos semanas antes, con escalas en Las Palmas, Río de Janeiro y Montevideo. A bordo viajaba un granadino de treinta y cinco años al que la ciudad esperaba como a una estrella: Federico García Lorca.

Pensaba quedarse unas pocas semanas. Se quedó casi seis meses. Durante ese tiempo dio conferencias, dirigió obras, trabó amistades decisivas y vivió el mayor éxito de su carrera. La estancia de Lorca en Buenos Aires fue, en muchos sentidos, la que lo consagró.

Una invitación de Lola Membrives

El viaje tuvo nombre propio: Lola Membrives. La actriz, una de las grandes figuras del teatro en lengua española de la época, había estrenado Bodas de sangre en Buenos Aires en el teatro Maipo, en el verano de 1933, y la obra se había convertido en un éxito. Fue ella quien invitó al autor a cruzar el océano para acompañar las representaciones.

Lorca llegó con varios propósitos: asistir al triunfo de su obra, dar algunas conferencias, frecuentar la vida social porteña y dar a conocer La Barraca, la compañía de teatro universitario con la que recorría los pueblos de España llevando a los clásicos del Siglo de Oro. Pronto descubrió que Buenos Aires lo recibía con un entusiasmo que no había conocido en ningún otro lugar.

Componentes de La Barraca (1933). Fotografía anónima. Colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, España.

La vida en la Avenida de Mayo

Durante su estancia, Lorca vivió en la habitación 704 del Hotel Castelar, en la Avenida de Mayo, el bulevar de inspiración parisina que concentraba buena parte de la vida cultural porteña. A pocos pasos tenía el café Tortoni y el Teatro Avenida, donde la compañía de Membrives volvió a estrenar Bodas de sangre a finales de octubre, esta vez con decorados del pintor Jorge Larco. El éxito fue rotundo: en noviembre, el poeta y la actriz celebraron juntos las cien representaciones.

Al reestreno siguieron La zapatera prodigiosa y, ya en enero de 1934, Mariana Pineda. Entre función y función, Lorca se convirtió en un conferenciante muy solicitado. El 20 de octubre de 1933 pronunció en la Sociedad de Amigos del Arte una de sus charlas más célebres, Juego y teoría del duende. En ella tomaba un concepto del flamenco y del cante jondo, el «duende», esa fuerza misteriosa que estremece al artista y al público, y lo convertía en una teoría sobre el arte. La conferencia, que había trabajado durante la travesía, la repitió en diciembre en Rosario.

Dos poetas al alimón

Buenos Aires le regaló también una amistad decisiva. Pablo Neruda, que entonces tenía veintinueve años y trabajaba como cónsul de Chile en la ciudad, acababa de publicar Residencia en la tierra. Ambos poetas se conocieron a los pocos días de la llegada de Lorca y congeniaron de inmediato.

El PEN Club organizó en su honor un banquete en el Hotel Plaza, y los dos decidieron sorprender a los asistentes. A propuesta de Lorca, pronunciaron un único discurso a dos voces, «al alimón», una expresión taurina que designa la suerte en la que dos toreros lidian al mismo tiempo con un solo capote. El homenajeado fue Rubén Darío, el gran poeta nicaragüense que había renovado la lírica en las dos orillas. Alternando preguntas, los dos amigos se lamentaban de que Buenos Aires no tuviera una plaza, una estatua o un parque con su nombre.

Las fuentes no coinciden en la fecha exacta del banquete, que sitúan entre finales de octubre y noviembre de 1933. Neruda lo recordaría décadas más tarde en sus memorias, Confieso que he vivido. En aquella ciudad, Lorca trabó amistad además con escritores argentinos como Oliverio Girondo.

Los hermanos Federico García Lorca y Francisco García Lorca viajando en tren en 1930.

Títeres para una despedida

En enero y febrero de 1934, Lorca pasó largas temporadas al otro lado del Río de la Plata, en Montevideo, donde se reencontró con viejos amigos de Granada y conoció a la poeta Juana de Ibarbourou. A su regreso le esperaba un último proyecto: una adaptación de La dama boba, de Lope de Vega, que se estrenó en marzo en el Teatro de la Comedia, protagonizada por la actriz Eva Franco. El autor de Fuenteovejuna volvía así a escena de la mano del poeta que lo llevaba por los pueblos de España con La Barraca.

El 26 de marzo, la víspera de su partida, Lorca ofreció a sus amigos una función de títeres en el foyer del Teatro Avenida, donde estrenó su Retablillo de don Cristóbal. Se despidió de la ciudad a través de los micrófonos de Radio Stentor y, el 27 de marzo de 1934, embarcó en el Conte Biancamano rumbo a Barcelona.

Monumento a Federico García Lorca, Plaza de Santa Ana, Madrid (España).  CC BY-SA 4.0«>CC BY-SA 4.0

La huella de Lorca en Buenos Aires

Lorca nunca volvió a Buenos Aires. Dos años después de su regreso, en agosto de 1936, fue asesinado en Granada, en los primeros días de la Guerra Civil. En 2026 se cumplen noventa años de su muerte.

Pero la ciudad no lo olvidó. En 1945, la actriz Margarita Xirgu estrenó en el Teatro Avenida La casa de Bernarda Alba, la última obra que escribió el poeta. Su habitación del Hotel Castelar se conservó durante décadas como un pequeño museo, y una placa sigue recordando su paso por la Avenida de Mayo. Aquellos seis meses dejaron una huella profunda en las dos orillas: la de un poeta andaluz que encontró en Buenos Aires su público más entusiasta, y la de una ciudad que lo hizo suyo.

Para saber más

Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Federico García Lorca. De Granada a Buenos Aires. Biblioteca Nacional, 2018.

García Lorca, Francisco. Federico y su mundo. Alianza Editorial, 1980.

Neruda, Pablo. Confieso que he vivido. Seix Barral, 1974.

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